Caracterización de los espacios, ámbitos o recintos:

El Teatro Colón está compuesto por espacios de diferente carácter. Cada uno de estos espacios o conjunto de ámbitos, tiene requerimientos propios y desde su concepción tuvieron características dimensionales, de escala, constructivas y de ornamentación acorde a estas funciones.

A- Espacios destinados a la circulación (pasillos, escaleras etc.)
Por lo general son sectores blandos desde el punto de vista formal y/o material, (salvo aquellos como los ascensores que, por su tratamiento material o por estar vinculados a ámbitos o sectores de gran carga significativa deban ser conservados). En estos espacios se pueden prever modificaciones que permitan mejorar usos e incorporar tecnología.

B- Espacios de uso específico (platea, palcos, cazuela, tertulia, etc.)
En estos casos la ornamentación y la calidad del espacio permiten solo intervenciones que no modifiquen sustancialmente el espacio, las mismas deben documentarse y justificarse científicamente.

C- Espacios intermedios que relacionan circulaciones con usos específicos (hall, vestíbulo, foyer, salones)
En estos casos cada ámbito es diferente, algunos de gran valor y que obligan a una intervención especializada y otros que permitirán modificaciones e incorporaciones. Cada caso será valorado por separado.

D- Espacios de servicio (sanitarios, depósitos)
En este caso la recuperación esta dirigida a mejorar las condiciones actuales, respetando el proyecto existente. Son zonas donde se puede intervenir en forma flexible, modificando instalaciones y/o la organización funcional o el equipamiento. Sin embargo, en este grupo de recintos, la modificación de los núcleos sanitarios producida por el Arq. Mario R. Alvarez en 1972, también tiene valor documental y material y debe intervenirse en consecuencia respetando los criterios proyectuales propuestos.

E-Funciones accesorias y de complemento al teatro.
Sectores blandos, que permiten un cambio de uso y que posibilitan la adecuación tecnológica.

Conclusión

No hay mejor recuperación que aquella que permite el uso del bien. En definitiva, es la única forma de mantener vivo el monumento.

La adaptación a los requerimientos funcionales de un teatro de hoy debe tener en cuenta que el gran desafío es lanzarlo al futuro a través de la intervención directa. Pero sólo hasta la próxima intervención, con la humildad suficiente como para saber que somos un paso en la vida del edificio-monumento, y que por esa razón es que toda actuación debe tener carácter de reversible y debe ser documentada en su estado inicial antes de realizarla: para permitir correcciones a la luz de nuevas y más evolucionadas teorías y técnicas.

Debemos pensar que todo lo realizado en esta etapa será parte de la historia del edificio, de su paso por el siglo XXI, y entender que el proceso de recuperación no tiene fecha de inicio sino que es un continuo desde la primera intervención hacia el futuro.

Una intervención adecuada, en estos casos, necesita ser ambiciosa y abarcante, pero no debe entender la recuperación del edificio como una operación única y excepcional. La presente restauración conservativa es apenas una etapa presente de una permanente tutela, incluyendo las acciones pertinentes de conservación preventiva.