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Sidebar_blogs_globo 19-09-2010

Primer Premio a la Obra de Restauracion

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 03-07-2010

Carta de Lectores a La Nación

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 04-06-2010

El Domingo 6 la Camerata Bariloche gratis en el Teatro Colón

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 28-05-2010

Felicitaciones al Ministerio de Desarrollo Urbano

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 21-05-2010

La restauración vista desde afuera

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 17-05-2010

Durante el ensayo de La Boheme

Por: Haciendo el Colón
Sidebar_blogs_globo 17-05-2010

El Teatro Colón: Un Ícono Cultural

Por: Haciendo el Colón

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• Sabía que … En 1912 el maestro Toscanini tuvo a su cargo la dirección de toda la temporada del Teatro Colón. Entre los músicos elegidos que vinieron con él de Europa, estaba su amigo Arturo Capredoni.

En un ensayo, Capredoni no tocó el clarinete bajo en el momento preciso. Ante la reacción de Toscanini, Capedroni respondió: “Me equivoqué; no es la muerte de nadie”. Toscanini, lejos de calmarse, le dijo: “Estás borracho, retirate de la Orquesta”. El músico, desafiante, levantó el instrumento y replicó: “El tiempo de Nerón se acabó. Nerón está muerto; andate vos, soy mucho mejor yo tocando el clarinete bajo que vos dirigiendo”. Toscanini reaccionó y se retiró del podio, repitiendo incesantemente: “O se va Capredoni o me voy yo”.

Pero en Buenos Aires no había otro clarinete bajo capacitado para actuar en el Teatro Colón. Por esa razón, los directivos tuvieron que convencer al maestro para que reviera su la actitud.

Finalmente, Toscanini decidió continuar los ensayos y delante de la Orquesta le dijo al músico: “Te perdono”. Pero Capredoni, ofendido, le respondió: “Ahora, el que no te perdona soy yo; ¡adiós!”, y se retiró. Las autoridades, una vez más, tuvieron una ardua tarea de persuasión.

Consiguieron el objetivo, pero con una condición: que primero haya una conversación con la Orquesta, integrada por músicos argentinos y europeos. En la reunión los músicos argentinos apoyaron a Capredoni, mientras que el resto respaldó a Toscanini. Al observar esta disparidad, Capredoni dijo: “Músicos argentinos: por ustedes voy a tocar, porque son verdaderos soldados de Garibaldi, no como mis colegas europeos, que son soldados de nadie”.

Se cree que ese fue un claro mensaje hiriente dirigido a Toscanini, ya que el maestro era admirador de Garibaldi. Finalmente, los dos artistas se reconciliaron, permitiendo el triunfo de dos nobles emociones: la amistad y la música.


• Sabía que … En 1915 Caruso vino al Teatro Colón. Al terminar la temporada, se dirigió en barco a Brasil. El destino quiso que en ese mismo viaje estuviera Carlos Gardel, artista tímido y respetuoso, que era amigo de muchos de los profesores de la Orquesta Estable. Algunos de ellos lo convencieron para que se encontrara con Caruso, quien por supuesto quiso escucharlo. Una vez ante Caruso, Gardel entonó un tango, una zamba y una cueca. El gran cantante, impresionado por las condiciones del argentino, le hizo el siguiente comentario: “Si usted hubiera estudiado seriamente, sería el mejor barítono del mundo”.

Estas palabras fueron proféticas. Porque más tarde Carlos Gardel eligió como maestro al prestigioso profesor Alberto Castellano, quien le cambió el registro de tenor a barítono. Esta variación es fácilmente comprobable al escuchar las grabaciones de Gardel: en los primeros discos, se percibe que canta en un tono más agudo; en cambio, en los últimos se lo escucha más cómodo en el registro apropiado.

¡Cuán provechoso resultó este encuentro con Caruso para nuestro inolvidable cantor!


• Sabía que … El Presidente de la Nación, Don Marcelo T. de Alvear, era un entusiasta melómano y un asiduo concurrente al Teatro Colón. De hecho, estaba casado con la famosa cantante lírica Regina Pacini y era nieto del intendente Torcuato de Alvear, quien confeccionó los decretos para vender el Teatro Colón de la Plaza Mayor y para construir su sede actual.

Hasta el año 1926, el público del teatro no era demasiado puntual, lo cual disgustaba al Presidente, quien decidió corregir esta costumbre. Unos minutos antes de cada función se paraba y, a través de sus binoculares, seguía con la mirada al espectador despreocupado hasta que este se sentara. El público, extrañado, comenzó a seguir la mirada de Alvear, provocando la incomodidad y hasta la vergüenza del impuntual.

En poco tiempo, Alvear logró su objetivo: había instaurado en el Teatro Colón el respeto por los horarios, una saludable tradición que continúa hoy en día.


Fuente: Teatro Colón, Orquesta Estable. Historia y anécdotas.
Autores: Osvaldo Barrios y Edmundo Piccioni
Ediciones Nuevos Tiempos